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¿Qué le pasa a la gallina?

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Natalia tenía 10 años, y desde que tenía 6 pasaba los veranos en la granja de sus abuelos. A Natalia le gustaban mucho los animales y disfrutaba las vacaciones ayudando a sus abuelos a cuidarlos. Era una granja rodeada de campo para que las vacas y las ovejas pudieran comer y pasear durante el día. Las dos yeguas y el burrito de su abuelo se refugiaban del sol dentro del establo. Había un gallinero repleto de ruidosas gallinas, algunas se escondían a poner sus huevos en una caseta y otras paseaban y picoteaban, también vivía allí un gallo con la cola de colores que les despertaba todas las mañanas. En un lateral de la casa, su abuela y su abuelo habían sembrado lechugas, tomates, zanahorias y unas enormes sandías, y en un extremo crecía fuerte un limonero que sus abuelos habían plantado 6 años antes. La tarea favorita de Natalia era la de dar alfalfa y zanahorias a los caballos y el burrito, y, aunque el gallo le daba un poco de miedo, era muy valiente y también entraba en el gallinero...

El sol y la luna.

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Un niño y una niña vivían con su madre en una casita en un valle. Un día la madre fue a trabajar a un banquete que se daba en otra ciudad. Antes de irse, la madre les dijo sus hijos: “Hoy tengo que ir a trabajar a una casa a veinte cuestas de aquí. Cuando oscurezca cerrad bien la puerta y no abráis a nadie hasta que vuelva yo”. Los niños obedecieron y se despidieron de ella. Cuando su madre terminó de trabajar ya era de noche. Colocó sobre su cabeza el paquete de pasteles de arroz que le habían regalado para sus hijos y partió. La madre caminaba por las calles con mucho miedo porque se oían aullidos y ruidos de animales salvajes, aunque andaba con ganas por llegar a casa y darles los pasteles a sus hijos. Al cruzar la primera cuesta se topó con un tigre que, olfateándola, le preguntó qué llevaba sobre su cabeza. La madre le dijo que eran pasteles para sus hijos, a lo que el tigre contestó “Si me das un pastel no te comeré”. La madre se lo dio enseguida y se fue corriendo con temor. Al ...

El puma recibe una lección.

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Se cuenta que hace muchos, muchísimos años, vivía en México un puma negro como el carbón y fuerte como ninguno. Consciente de que su presencia causaba miedo a los demás animales de su entorno, disfrutaba dándoles sustos en cuanto veía la ocasión. Si les pillaba despistados, comenzaba a rugir de repente causándoles un gran sobresalto. Otra de sus aficiones favoritas era trepar a los árboles y saltar sin hacer ruido tan cerca de ellos que salían corriendo aterrorizados. El puma se divertía mucho con estas bromas pesadas, pero lo cierto es que los demás animales estaban hartos de su mal gusto. Cierto día, el puma iba corriendo a tal velocidad que tropezó con la casa de un pequeño saltamontes y la destrozó. El saltamontes se enfadó muchísimo. – ¿Te parece bonito lo que has hecho? – le dijo enfurecido, enfrentándose a él con valentía – Estoy harto de que actúes de manera arrogante ¡Mira las consecuencias que tienen tus estúpidos comportamientos! – ¿Cómo te atreves a hablarme así? – El puma ...

Los pasteles y la muela.

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Érase una vez un labrador que trabajaba las tierras de un rico terrateniente. Desde niño había tenido un único deseo en la vida: conocer a su rey. Imaginaba que, un hombre tan poderoso y afamado, debía tener algo especial que destacara sobre el resto de los mortales. Un día no aguantó más la curiosidad y, después de cobrar el sueldo del mes, cogió un petate y se fue a la capital del reino. Caminó durante varios días pero su esfuerzo tuvo su recompensa, pues nada más traspasar las murallas de la ciudad, la casualidad quiso que la comitiva real desfilara junto a él. El monarca, engalanado con una deslumbrante capa dorada y luciendo una corona de piedras preciosas, saludaba efusivamente a los que se arremolinaban en las callejuelas para verle pasar. El labrador le miró sin pestañear y, cuando se alejó, sintió una gran desilusión. – ¡Bah! ¡Si es un hombre como otro cualquiera! Me he gastado casi todo el dinero que tenía en venir hasta la ciudad para conocer al rey y no ha merecido la pena....